Fútbol

Una maldición que parecía no tener fin

Parece mentira, pero el 22 de junio no era justamente un día preparado para los festejos de la selección española. Así siempre lo había dictado la historia y las circunstancias. Cada vez que España había jugado una instancia de estas características y había llegado a los penaltis, había perdido irremediablemente. Todo hacía prever que esta vez la historia no cambiaría. La mentalidad italiana y ese porterazo llamado Gianluiggi Buffón hacían pensar que el sueño de llegar a semis y, de paso, romper el gafe de los cuartos, estaban lejanos. Pero no, España supo torcer la historia y demostrar que ese tipo de cosas están predeterminadas a ser rotas en algún momento.

El gafe del fatídico 22 de junio comenzó allá por 1986. Se estaba jugando el Mundial de México y España ya se relamía pensando en lo que podían ser las semifinales ante la Argentina de Maradona. Y así, la España que tenía al “Buitre” Emilio Butragueño como buque insignia, se transformaba en la España de Eloy, que veía como el buen portero Pfaff detenía su lanzamiento y la rojigualda se quedaba fuera en cuartos, activando de esa manera el instante fatídico.

Diez años más tarde, la selección española se encontraba jugando la Eurocopa de 1996, en Alemania. Era turno de enfrentar a Inglaterra también en los cuartos de final y era un nuevo momento para definir todo desde el punto de penalti. España había sabido superar futbolísticamente a los “Pross”, pero Seaman conjugaba los disparos de Fernando Hierro y Miguel Ángel Nadal, quedando así la selección española fuera de competición prematuramente. También ese día era 22 de junio.

El otro 22 de junio negro en la historia futbolística española, y quizás uno de los más recordados, es el del año 2002 y su localización en Corea. Los españoles enfrentaban a la selección anfitriona y, luego de un lamentable arbitraje de Al Ghandour, tenían que jugarse la suerte en la tanda fatídica. Nuevamente la suerte le era esquiva a los de rojo, siendo Joaquín el encargado de malograr el lanzamiento que dejaba fuera a España de un cruce en semifinales con Alemania.

Pero, como hemos dicho, la historia y las estadísticas están para ser revertidas, aunque todo a priori indicara lo contrario. Iker Casillas tomó el testigo del heroísmo y Villa, Cazorla, Senna y Cesc Fábregas se encargarían de hacer el resto para lograr vencer la meta psicológica de los cuartos. Sin tanta presión encima, ahora será turno de enfrentar a una selección rusa que será muy diferente a la que se vio en la primera jornada. El inconmensurable talento de Andrei Arshavin y sus secuaces será el principal enemigo de la ilusión española por llegar a la final.