Fútbol

Turquía se mete en semifinales de la mano de la emoción

Una vez más la suerte, el destino, la pasión y el fútbol se han visto conjugados en un partido de Turquía, sin duda alguna el equipo más emotivo de esta presente edición de la Euro. Cuando todo parecía liquidado, los otomanos aparecieron una vez más para dejar todo en suspenso. Y en los penaltis remataron la contienda. Un nuevo milagro estaba consumado de la mano de los turcos que llegaban a las semifinales de la Euro por primera vez en su historia, dejando afuera a los croatas.

El partido comenzó con cierto dominio de los croatas, que partían como claros favoritos de cara al cotejo. El buen juego de ese enorme jugador llamado Luka Modric se hacía sentir en una clara situación durante el primer tiempo, en donde el balón se estrelló en el larguero de Rustu y Olic fallaba increíblemente en el rebote. Luego los turcos supieron dormir bien el partido, controlar el balón y mermar el buen juego de los balcánicos hasta que terminó el primer período.

El segundo tiempo tampoco tuvo muchas emociones. Ambos equipos se estudiaban, se medían, pero no se acertaban ni se esforzaban demasiado en dar el golpe. Poco y nada se vivió en esa instancia, donde el 0-0 se convertía en inamovible y llevaba todo de golpe a la prórroga, esa instancia en donde cualquier cosa puede suceder y en donde quedó demostrado que, a veces, el fútbol también premia a quienes buscan, aunque sea con más ganas que fútbol.

Croacia se encontraba muy agazapada y algo baja físicamente en esa prórroga. De hecho, los turcos supieron dominar balón y algunas situaciones en los dos períodos, de la mano de unos incansables Tuncay Sanli y Hamit Altintop. Pero Rustu, que había tenido una buena actuación en el cotejo, se vestía de villano al ir a buscar un balón sobre Modric innecesariamente. El hombre fichado por el Tottenham de Juande centró de manera perfecta para la entrada de Klasnic, que cabeceó solo a la red. Corría el minuto 119 de partido y sólo un milagro podía hacer posible el empate turco. Y el milagro se obró. Era el último balón del partido, Rustu la cuelga al área con más ansias que precisión y queda suelto en el área, Semih Senturk no duda en disparar. El balón llevó destino de escuadra. Era el minuto 121 de partido y todo se iba a los penaltis, la lotería del punto fatídico.

Allí, indudablemente todo estuvo del lado de los turcos. Como ha sucedido en la historia con Maradona, Roberto Baggio, Platini o Zico, los grandes jugadores son los que fallan en esta instancia. Le tocó a Modric, y encima el primero, el que mentalmente deja abajo a cualquier equipo. Turquía no falló, Rakitic si y Rustu conjugó, a modo de reinvidicación, el remate de Petric y todo se terminaba. Turquía, ese equipo que había llegado hasta aquí poniendo en jaque la salud de sus aficionados, nuevamente volvía a hacerlo por sus propios fueros. La gran cantidad de bajas que tendrán para enfrentar a Alemania pone las cosas complicadas, pero, de seguro, los teutones han tomado nota que la fortuna tiene cara de turca.