Fútbol

El Zaragoza despega del farolillo rojo

Lo sintió como nadie. No pudo evitar que las lágrimas rodaran sobre sus mejillas luego de convertir ese gol importantísimo, crucial para las aspiraciones de su Zaragoza de cara a esta difícil lucha que está entablando contra la permanencia. Y también contra sí mismo. Porque, hay que decirlo, este equipo maño tiene plantilla para mucho más de lo que se encuentra peleando. Las lágrimas del eterno Roberto Ayala simbolizaban a la perfección lo que había costado conseguir esa victoria.

No era un duelo fácil en los preámbulos del encuentro. El Deportivo llegaba a La Romareda como el mejor equipo de esta segunda vuelta de la Liga. El Zaragoza, en cambio, tenía todo en su contra. Se encontraba inmerso en los puestos del descenso y necesitaba los tres puntos imperiosamente para tratar de escapar a tal difícil situación.

El partido comenzó con un Depor algo dominador, que poco a poco se fue apagando. Así fue como logró el Zaragoza empezar a gozar de las mejores oportunidades del cotejo. Pero todos y cada uno de los hombres conducidos por Villanova se encargaban de dilapidar las situaciones, llámese Aimar, Milito, Sergio García o Matuzalem.

El 0-0 parecía inamovible. Ya transcurría el último minuto del adicional y llegó el milagro. Mientras se daba un partido en el que el Zaragoza parecía que podía estar chutando a puerta durante varios días seguidos sin convertir un gol, arribó lo inexplicable, el regalo de Aouate para cimentar los sueños de permanencia. Y sí, por supuesto, esas lágrimas de Roberto Ayala, el autor del gol. Es que había sido de no creer. El Zaragoza, que había merecido la victoria, no concretaba el gol de ninguna manera posible. El sufrimiento eternizado en el llanto del central argentino hablaban a las claras de lo que está siendo esta temporada en La Romareda: un verdadero parto. Y todavía existen las esperanzas.