Tenis

Espiritu de equipo: el factor necesario para ganar la Davis

La Copa Davis parece más un juego de ajedrez que un certamen de tenis. El legendario torneo que se disputa por equipos conlleva una organización táctica y estratégica a la hora de planificar las series que lo diferencian del resto de los otros torneos más convencionales.

Para ganar la Davis no alcanza con tener a los mejores tenistas. Para ello hay que tener a un estratega en el banquillo. A un capitán que sepa armar el equipo y convencer a sus jugadores de darle prioridad a este torneo y no a otros. Porque a la hora de jugar, cada país se mide por equipos y no por sus jugadores individuales. Por eso, no nos extraña ver que España haya ganado las últimas ediciones casi sin la participación de Nadal. Porque al fin y al cabo, lo que logró Albert Costa es consolidar un equipo que estuviera por encima de los nombres.

Además, cabe destacar que en los últimos tiempos, la Davis ha dejado de ser prioridad para muchos Top 10 que prefieren no arriesgar su físico ni hacer extenuantes viajes a alejadas partes del mundo en perjuicio de su calendario personal. Por eso Suiza casi nunca logra pasar de primera ronda a pesar de tenerlo a Federer (que son pocas las veces que disputa este certamen) y por eso Gran Bretaña suele tener el mismo destino: Andy Murray tampoco es muy afecto de este torneo.

En semifinales tenemos a cuatro equipos cada uno con una estrategia diferente. Francia ha logrado aunar a todas sus figuras, a pesar que ninguno de ellos es hoy por hoy Top 10. Pero basta con el compromiso de sus mejores tenistas para estar entre los mejores 4.

Argentina, fiel a su historia reciente, vuelve a semifinales de la mano de David Nalbandian que, si bien no está pasando por su mejor momento, a la hora de jugar la Davis lo hace como siempre: ganando y superando a los adversarios más difíciles.

Serbia apela a su carta ganadora, Novak Djokovic, para hacer sentir el peso del ranking a sus adversarios, mientras que República Checa sigue pisando fuerte en la Davis (el año pasado fue finalista) a pesar de no disputar de sus dos máximas figuras (Radek Stepanek y Tomas Berdych) en la última serie.

A la final solo llegan los mejores, los que por encima de las individualidades conforman un espíritu de grupo insuperable y que con estrategia a la hora de planificar los enfrentamientos logran dar vuelta cualquier ranking adverso.