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El tercer tiempo

Equipo, pasión, respeto, diversión, esfuerzo, amistad, transparencia, lealtad, desarrollar mejores personas, compromiso, ejemplo para otros. Todos estos conceptos hacen de la práctica del rugby un deporte a destacar. Todos estos valores – que no son únicos en el rugby, ya que en toda práctica deportiva se gestan -, acompañan a una gran diversidad de enseñanzas que son para toda la vida. En este deporte en especial, éstas se ven reforzados no sólo en la cancha sino también en ese momento tan particular que se denomina “tercer tiempo”.

El tercer tiempo se desarrolla después de haber terminado el partido que consta en sí mismo de dos tiempos de cuarenta minutos cada uno. En el mismo, los jugadores de ambos equipos comparten por lo general algo de beber y en el caso de las categorías infantiles también es el momento de compartir algún bocadillo.

En la mayoría de los clubes que tienen categorías formativas, es  común que sus dirigentes junto con muchos padres de los niños que participan, sean co-encargados de organizar este momento. Es usual que el equipo locatario se responsabilice por la organización del mismo, involucrando a sus jugadores quienes deberán aportar los insumos para compartir con sus adversarios.

Es un momento de charla, de diversión que sirve para poder limar lo áspero del encuentro si lo hubo, fortaleciendo los vínculos y aprendiendo a controlar la pasión que el fragor del juego les dejó. En definitiva se trata de resaltar que la competencia no termina en una derrota o una victoria, sino que el fin -por sobre todas las cosas-, es propiciar la camaradería y la amistad.