Fútbol

Blatter permitirá que se juegue en La Paz

Un intenso debate se había abierto en territorio boliviano (y también en otros países con estadios ubicados a más de 2.750 metros de altura) debido al veto que la FIFA había impuesto para que la selección de dicho país sudamericano pudiera oficiar de local en su tradición estadio Hernando Siles, donde habitualmente se desempeña en las eliminatorias mundialistas. Es que el lugar donde Bolivia recibe a sus rivales se encuentra ni más ni menos que a más de 3.000 metros de altura por sobre el nivel del mar.

En el día de ayer, desde la ciudad de Sydney, Australia, el rector del máximo organismo internacional de fútbol abrió las puertas al debate y dejó entrever que Bolivia podrá jugar en la ciudad de La Paz. El suizo Joseph Blatter, de esa forma, estaba afirmando que el conjunto del altiplano podría volver a gozar de las posibilidades que siempre tuvo y que merece tener.

Muchos acusan a Bolivia de tratar de sacar partido de esta situación. Pero, ¿qué culpa tienen de que la ciudad más importante y una de las capitales del país se encuentre a dicha altitud? Es como que a España no le perimitiesen jugar en Madrid porque queda en el medio de la república o Argentina en Buenos Aires porque queda muy cerca del mar.

Claro está, aquí el atenuante es otro: el jugar a más de 2.750 metros de altura fue considerado por la FIFA como practicar el deporte en condiciones extremas. Eso si, me pregunto, ¿ha pasado algo grave hasta el momento en los años y años que se vienen disputando partidos en ese sitio? Jamás de los jamases. Incluso Bolivia ni siquiera ha podido sacar provecho de dicha circunstancia que es la de jugar en la altura, algo complicadísimo para los rivales. Recordad que tan sólo un mundial es al que ha acudido el combinado de camiseta verde, fue en el ’94, cuando compartió grupo con España, Corea y Alemania.

Prohibir a Bolivia jugar en su hábitat natural sería un gesto discriminatorio sin precedentes y que podría dejar sentado un hecho capcioso y denigrante. Es cuestión de abrir el debate y evaluar a fondo las posibilidades y alcances de esta problemática. Mientras tanto, Bolivia debe jugar en el Hernando Siles, tal cual lo hizo toda la vida.