Fútbol

Avram Grant, la culpa es tuya

Los dichos de algunos jugadores de fútbol suelen ser irrisorios y pueden llegar a provocar una auténtica andanada de carcajadas al respetable cada vez que abren la boca delante de un micrófono. Todos sabemos lo propensos que son algunos futbolistas a quitarse responsabilidades y también a decir barrabasadas ante la prensa. Bueno, es momento de añadir una nueva perla a los eternos anuarios de dislates que tienen a un jugador como protagonista. Nuestro “héroe” de hoy es ni más ni menos que Nicolás Anelka.

Resulta que el jugador galo, muy recordado (y no precisamente de buenas formas) en el Real Madrid, culpó directamente al entrenador Avram Grant por su fallo en el decisivo penalti que terminó dándole la Champions League al Manchester United. Si, tal cual leen. Ya sin el israelí en el banquillo del Chelsea (muy probablemente sea reemplazado por Frank Rijkaard o Roberto Mancini), Anelka decidió culpabilizar directamente a su mister de la siguiente manera:

“En ningún momento creí que fuera a entrar. Estaba sentado en el banco y, de pronto, me pidieron que ingrese apenas un minuto después de que me hicieran calentar. No sé si alguna vez ocurrió algo así en una final de Champions League, que un jugador haya saltado al campo sin calentar”

Refiriéndose al pedido de su ex entrenador para que lanzara uno de los cinco primeros de la serie, su respuesta fue la siguiente:

Les dije: de ninguna manera. Además, había entrado como lateral derecho. Finalmente tuve que encargarme del séptimo remate de la tanda y Van der Sar me lo atajó. Estuvo bien el arquero, el fútbol es así”

Ahora, yo me pregunto. ¿Qué culpa tiene el entrenador de que Anelka haya chutado displicentemente, a media altura y hacia donde estaba lanzándose Van der Sar en toda la tanda? ¿Por qué entonces convirtieron Belletti y Anderson que habían entrado sobre la hora a efectuar sus lanzamientos? ¿Desde cuando un mister tiene la culpabilidad de los errores de sus jugadores? Evidentemente, este hombre necesita un baño de humilidad y aprender a reconocer los errores propios. Es que cualquiera hace leña de un árbol caído.